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8 de septiembre de 2011

Canción de una dama a la sombra. Paul Celan.


Cuando la Silenciosa llegue y decapite los tulipanes:
¿Quién ganará?
             ¿Quién perderá?
                         ¿Quién se asomará a la ventana?
¿Quién pronunciará su nombre primero?

Es alguien que trae mi cabello.
Lo trae como se trae a los muertos de la mano.
Lo trae como el cielo trajo mi cabello el año en que amé.
Lo trae así por vanidad.

Ése ganará.
            Ése no perderá.
                          Ése no se asomará a la ventana.
No pronunciará su nombre.

Es alguien que tiene mis ojos.
Los tiene desde que se cierran los portales.
Los trae en los dedos como anillos.
Los trae como pedazos de deseo y de zafiro:
ya en otoño era mi hermano;
cuenta ya los días y las noches.

Ése ganará.
            Ése no perderá.
                          Ése no se asomará a la ventana.
Ése será el último en pronunciar su nombre.

Es alguien que tiene lo que dije.
Lo trae bajo el brazo como un bulto.
Lo trae como el reloj a su peor hora.
Lo trae de umbral en umbral, no lo arroja.

Ése no ganará.
              Ése no perderá.
                                   Ése se asomará a la ventana.
Ése pronunciará su nombre primero.

Ése será decapitado con los tulipanes.

Antología Poética. Paul Celan. Universidad Autónoma de Puebla, 1987, pp. 23-25.

15 de febrero de 2011

Ropas negras. David Cooper.


¿Por qué de ropas enlutadas estoy vestido?
Luto es por las familias que tuve
por la locura que jamás tuve
pero que ahora me permito
por el amor que se ha perdido en el mundo
por los destinos de mis padres
por el amor completo que tuve
y destruí.
Sobre todo mi luto
es por mi propia muerte
por esta muerte que vivo tenazmente.
Y de luto estoy vestido porque ha muerto
el amor en el mundo.
Y porque no distinguen entre amor y muerte
estoy de duelo porque no distinguen pero también
porque distinguen demasiado
mi duelo es porque no soy capaz
de atravesar todas las difenciaciones en el mundo
y así del cosmos hacer una sola actividad
de duelo estoy por la aparente distancia
de estrellas y de galaxias porque no puedo encontrarlas
unidas todas en un lugar que es mi corazón
que es el corazón del mundo.
Estoy de luto porque los años de luz que hay entre
nosotros y Andrómeda son un mito que
la gente cree. Porque Andrómeda esta en nosotros y nosotros en ella.
De luto estoy porque no hay violencia
verdadera que nos libere asesinando
a la muerte, una violencia que amorosamente ponga una bomba
en el corazón de la muerte.
Pero sobre todo estoy de luto por mi propia muerte
Pero quizá también sea mentira
Quizá esté sólo de luto
Quizá sólo esté
Quizá pudiera ser un ser que puede ser
Pero tal vez es sólo que estoy de luto.

La muerte de la familia. David Cooper. Editorial Ariel, Barcelona, 1976 de la traducción castellana para España, pp. 147-148.

4 de febrero de 2011

En la muerte del duque de Veragua. Juana de Asbaje.


Detén el paso, caminante, advierte
que aún esta losa guarda enternecida,
con triunfos de su diestra no vencida,
al capitán más valeroso y fuerte,

al duque de Veragua -¡oh triste suerte!
que nos dió en su noticia esclarecida,
en relación los bienes de su vida,
y en posesión los males de su muerte.

No es muerto el duque, aunque su cuerpo abrace
la losa que piadosa lo recibe,
pues porque a su vivir el curso enlace,

aunque el mármol su muerte sobreescribe,
en las piedras verás el aquí yace;
mas en los corazones, aquí vive.

Poesías escogidas de Sor Juana Inés de la Cruz, Editorial Pax-México, 3a reimpresión, 1985, p. 43.

30 de enero de 2011

Memorias de hospital. Margarita Paz Paredes. 2/2.


Soy apenas una momia
pequeñita, acomodada
en su sarcófago abierto
y desciendo suavemente
por una espiral morada,
protegida contra todas
las violencias de cuchillos
que despedazan el viento.

Me llaman voces antiguas
desde túneles secretos
y voy traspasando todos
los litorales del tiempo.

No sé en qué orilla de sombra
mi barca se desintegre,
porque sus velas son ascuas
que está consumiendo el fuego.

¡Qué no acabe este viaje
por las fronteras del sueño!

Litoral del tiempo. Margarita Paz Paredes. Secretaría de Educación Pública, 1986, p. 239.

29 de enero de 2011

Memorias de hospital. Margarita Paz Paredes. 1/2.

¡Urgencias! ¡Hospital!
De pronto, arrastrada por un raro dolor
entro a este mundo de todos y de nadie,

donde estaré quién sabe cuánto tiempo
para salir cualquier hora de un día,
de pie y hacia la vida
o quietamente horizontal y ciega.

Se piensan y se sienten tantas cosas
aquí, donde el dolor, la muerte, la esperanza,
la indiferencia, el miedo,
la rabia, la injusticia y el absurdo
se acercan, se entretejen, se confunden
en una loca danza cotidiana.

Litoral del tiempo. Margarita Paz Paredes. Secretaría de Educación Pública, 1986, p. 235.





15 de enero de 2011

Epitafios. Xavier Villaurrutia.

I
Agucé la razón
tanto, que oscura
fue para los demás
mi vida, mi pasión
y mi locura.
Dicen que he muerto.
No moriré jamás;
¡Estoy despierto!

II
Duerme aquí, silencioso e ignorado,
el que en vida vivió mil y una muertes.
Nada quieras saber de mi pasado.
Despertar es morir. ¡No me despiertes!

Los contemporáneos. Una antología general. Prólogo, selección y notas de Héctor Valdés. Sep/Unam. México, 1982. pp. 197-198.

1 de octubre de 2010

Al borde del sendero. Antonio Machado.


Al borde del sendero un día nos sentamos.
Ya nuestra vida es tiempo, y nuestra sola cuita
son las desesperantes posturas que tomamos
para aguardar... Mas Ella no faltará a la cita.

Poesía. Antonio Machado. Editores Mexicanos Unidos. México, 2a. reimpresión, 1989, p. 54.

15 de junio de 2010

Poema. Circe Maia.



Por detrás de mi voz
-escucha, escucha-
otra voz canta.

Viene de atrás, de lejos
viene de sepultadas
bocas, y canta.

Dicen que no están muertas
-escúchalos, escucha-
mientras se alza
la voz que los recuerda
y canta.

Dicen que ahora viven
en tu mirada
-Sosténlos con tus ojos
con tus palabras
sosténlos con tu vida
que no se pierdan
que no se caigan.

No son sólo memoria
son vida abierta
continua y ancha.

Son camino que empieza
y que nos llama.

Cantan conmigo
conmigo cantan.


Poesía rebelde en Latinoamérica. Saúl Ibargoyen, Jorge Boccanegra. Editores Mexicanos Unidos, 1a. Edición, 1978, pp. 319-320.

6 de marzo de 2010

Recado a Rosario Castellanos. Jaime Sabines.

Sólo una tonta podía dedicar su vida a la soledad y al amor.
Sólo una tonta podía morirse al tocar una lámpara,
si lámpara encendida,
desperdiciada lámpara de día eras tú.
Retonta por desvalida, por inerme,
por estar ofreciendo tu canasta de frutas a los árboles,
tu agua al manantial,
tu calor al desierto,
tus alas a los pájaros.
Retonta, rechayito, remadre de tu hijo y de ti misma.
Huérfana y sola como en las novelas,
presumiendo de tigre, ratoncito,
no dejándote ver por tu sonrisa,
poniéndote corazas transparentes,
colchas de terciopelo y de palabras
sobre tu desnudez estremecida.

¡Cómo te quiero, Chayo, cómo duele
pensar que traen tu cuerpo! -así se dice-
(¿Dónde dejaron tu alma? ¿No es posible
rasparla de la lámpara,
recogerla del piso con una escoba?
¿Qué, no tiene escobas la Embajada?)
¡Cómo duele, te digo, que te traigan,
te pongan, te coloquen, te manejen
te lleven de honra en honra funerarias!
(¡No me vayan a hacer a mí esa cosa
de los Hombres Ilustres, con una chingada!)
¡Cómo duele, Chayito! ¿Y esto es todo?
¡Claro que es todo, es todo!
Lo bueno es que hablan bien en el Excélsior
y estoy seguro de que algunos lloran,
te van a dedicar sus suplementos,
poemas mejores que éste, estudios, glosas,
¡qué gran publicidad tienes ahora!

La próxima vez que platiquemos
te diré todo el resto.

Ya no estoy enojado.
Hace mucho calor en Sinaloa.
Voy a irme a la alberca a echarme un trago.

Nuevo recuento de poemas. Jaime Sabines. Biblioteca Parelela, Joaquín Mortiz, México, octava reimpresión, 1990, pp-289, 290.

20 de febrero de 2010

Interrogatorio a la puerta del útero. Ted Hughes


¿Quién posee estas patas pequeñas y aflautadas?
La muerte.
¿Quién posee este rostro hirsuto y chamuscado?
La muerte.
¿Quién posee estos bronquios incansables?
La muerte.
¿Quién posee este abrigo gris de músculos?
La muerte.
¿Quién estas entrañas indescriptibles?
La muerte.
¿Quién este cerebro dudoso?
La muerte.
¿Toda esta sucia sangre?
La muerte.
¿Estos ojos de bajo rendimiento?
La muerte.
¿Esta pequeña lengua despreciable?
La muerte.
¿Este desvelo ocasional?
La muerte.

¿Dado, robado,
o pendiente de juicio?
Pendiente.

¿Quién posee esta tierra llovida y pedregosa?
La muerte.
¿Quién posee todo el espacio?
La muerte.

¿Quién es más fuerte que la esperanza?
La muerte.
¿Quién es más fuerte que la voluntad?
La muerte.
¿Más fuerte que el amor?
La muerte.
¿Más fuerte que la vida?
La muerte.

Pero, ¿quién es más fuerte que la muerte?
Yo, por supuesto.

Pasa Cuervo.

Revista La Guillotina.

15 de enero de 2010

6. Miguel Hernández.



El cementerio está cerca
de donde tú y yo dormimos,
entre nopales azules,
pitas azules y niños
que gritan vívidamente
si un muerto nubla el camino.

De aquí al cementerio, todo
es azul, dorado, límpido.
Cuatro pasos, y los muertos.
Cuatro pasos, y los vivos.

Límpido, azul y dorado,
se hace allí remoto el hijo.

Miguel Hernández. El hombre acecha y Cancionero y romancero de ausencias. Cupsa Editorial, 1a. edición, 1978. España, p. 47.

3 de enero de 2010

Pasionarias - Manuel M. Flores



XXIX
No más vida, Señor, ya no más vida!
Cuando lloraba el alma dolorida
Me nutría mi pesar.
Ahora no sufro ya, no deseo nada;
Pero tengo, Señor, mi alma cansada
Y quiero reposar.

XXX
Un viaje por un mar de tempestades
Es la vida mortal; la tumba es puerto.
Morir es regresar á nuestra patria....
No se debe llorar por los que han muerto.

Manuel M. Flores

31 de diciembre de 2009

En la tumba de la Señorita Cármen Z. - Manuel M. Flores.



Venid, y flores derramad y llanto
Sobre esta tumba. La que aquí reposa,
En el jardin del mundo fué una rosa,
Y así como las rosas, se agostó.
El ángel tenebroso de la muerte
Tendió sobre ella su terrible vuelo,
Y se durmió soñando con el cielo,
Y en el cielo con Dios se despertó.

Manuel M. Flores

27 de diciembre de 2009

Plegaria de un moribundo - Nosgard.



Cuando muera, quiero que me sepulten en un desierto para que mi alma no encuentre el camino al paraíso.

Cuando muera, quiero que guardes el recuerdo de mi rostro bajo los párpados de tus ojos.

Cuando muera, quiero que sea viernes para que mi féretro sostenga el vino de los filósofos.

Cuando muera, quiero que le susurres a mis oídos las veces que me engañaste.

Cuando muera, quiero que mis ojos se mantengan abiertos para ver a los presentes y platicarle al Diablo de ellos.

Cuando muera, ya no quiero que me des esperanzas muertas.

Cuando muera, quiero vestir desnudo para evitarle trabajo a los gusanos.

Cuando muera, quiero ver lágrimas de alegría en tu rostro.

Cuando muera, quiero que cierren mi ataúd con cien clavos para evitar que regrese a fastidiarte.

Cuando muera, sólo quiero escuchar las oraciones de la soledad.

Cuando muera, quiero que mi caja sea de maderas y metales preciosos para saber como se siente la riqueza.

Cuando muera, quiero que pongas un arma en mi mano izquierda para cuando Dios me juzgue y hallarme culpable de mis pecados, asesinarle.

Cuando muera, quiero que cuatro ancianos carguen mi féretro hasta el cementerio para hacer más largo el sufrimiento de los que en verdad me amaron.

Cuando muera, no quiero que doblen las campanas, de nada sirve dar aviso a los que no me conocieron.

Cuando muera, quiero visitar por primera vez una de las tantas casas de Dios para marcharme aún más deprimido.

Cuando muera y el féretro este dentro de la fosa, no quiero que arrojen flores, arrojen piedras fuertemente para abrir una herida en la caja, así los gusanos penetraran con facilidad.

Cuando muera, quiero que plantes un árbol sobre mi tumba para que sus raíces mutilen mi cadáver.

Cuando muera, quiero que mi epitafio diga lo siguiente: si no existe un infierno, se debe crear uno para el martirio de esta alma.

Otro de nosotros, fanzine gráfico cultural, abril-mayo 2006 # 4, Puebla, México.

8 de diciembre de 2009

La enfermedad viene de lejos



La enfermedad viene de lejos,
viene sombríamente
subiendo a nuestro cuerpo
como a un monte, con un espeso
viento, con un duro paso seco.
Viene subiendo
a nuestro viejo cuerpo
como a una casa en ruinas
de noche, con el miedo.

La enfermedad viene de lejos
con polvo, con cansancio,
viene de cementerios,
arrastra escobas, trapos,
cuelga perros
como asesinos, de árboles
opacos y tercos.
La enfermedad llega al terreno
en que estamos y vemos
y nos rodea en silencio
y allí se está mordiendo
raíces, bulbos, yemas,
y escupe, escupe, escupe,
traga veneno.
La enfermedad agarra nuestro cuerpo,
unta leche de sapo dulce,
soba como un abuelo,
calienta saliva y sebo.
Víbora mansa torcida
al cuello,
cangrejo de la rodilla,
alacrán del pelo,
duele, pica, suda,
pasta de estiércol.
La enfermedad está girando
como las hojas de un helecho.
Lame una enorme lengua
de buey el pellejo.
Costra del lecho,
el cuerpo, el otro cuerpo,
el que se tuvo antes,
se está quieto,
caracol vacío,
patio sin nadie, convento
de sombras y ecos.
La enfermedad está subiendo
un pozo negro
lentemente, por años,
como la voz de un muerto.
Arterias hechas nudo,
sangre asfixiada, lejos,
trozos de carne ajena,
uñas y huesos
en el lugar del alma
están subiendo.
Peces de puro aceite
y pájaros petreos,
subiendo.
Una mosca en el oído,
encerrada, subiendo.
Cuatro patas, el silencio
de un gato, subiendo.
Sobre el tronco de una niña
las manos de un ciego,
torpes, subiendo.
La enfermedad y la cama,
remolino, trompo de humo,
están subiendo.
Y espejos alucinados
y caídos cayendo
hacen un vaivén de sombras,
una marea de féretros.
Y un cuerpo tras de otro cuerpo,
una procesión de cuerpos,
sigue subiendo.

¡Qué ceniza con azúcar
en las sábanas ardiendo!
Cucharaditas de agua
con aire, sin miedo,
trocitos de luz madura
Silencio.

La enfermedad está cayendo.
Plumas de plomo,
algodón de muerto.

Sabines, Jaime. Nuevo Recuento de Poemas. Biblioteca Paralela, Joaquín Mortiz, 8a reimpresión, 1990, pp. 150-152.

7 de diciembre de 2009

II. Juguetería y canciones (fragmentos).


Si sobrevives, si persistes, canta,
sueña, emborráchate.
Es el tiempo del frío: ama,
apresúrate. El viento de las horas
barre las calles, los caminos.
Los árboles esperan: tú no esperes,
éste es el tiempo de vivir, el único.
...
Cuando tengas ganas de morirte
esconde la cabeza bajo la almohada
y cuenta cuatro mil borregos.
Quédate dos días sin comer
y verás que hermosa es la vida:
carne, frijoles, pan.
Quédate sin mujer: verás.
Cuando tengas ganas de morirte
no alborotes tanto: muérete
y ya.

Sabines, Jaime. Nuevo recuento de poemas. Biblioteca Paralela, Joaquín Mortiz, 8a reimpresión, 1990, pp 206-207.

Tu

Cuando esté muerta y mi ignorada tumba
pisoteada sea por mil generaciones
y apenas de mi nombre quede un borroso trazo
sobre la fría losa que me cubra.

Cuando se haya perdido hasta el recuerdo
de la dulce belleza de mi raza
y las jóvenes que amen ignoren
que antes que ellas amé...

Cuando ya nadie exista
que evoque mi fantasma,
que cante a media voz mis versos... Dime,
¿Me seguirás amando tú, oh, perfecto,
oh, amante, sin posible muerte, vivo
hasta el fin de todo lo creado?
Por donde he de vagar yo en mi profundo
vacío involuntario, ¿habré de hallarte?

¿Qué será de mi ser si he de perderte
como al mar, como al sol, como a los pájaros?

Antología de Poesía Amorosa Contemporánea, Recopilación de Carmen Conde, Editorial Bruguera, 1969. Susana March, pp. 498-499.

5 de diciembre de 2009

Desdén.

Después de todo, tú no me haces falta.
Al fin, ¿quién eres tú? Nervios y sangre,
carne que ha de pudrirse en el sepulcro;
un puñado de polvo solamente.

Si he de morir después de haberte amado
¿la muerte me será más llevadera?
¿Qué haré en la tumba con tus dulces besos
temblándome en la boca descarnada?

¿Podré seguir soñando? ¿Habrás de darme
nueva vida quizá? ¡Eres tan poco!
Nada importa que alientes si algún día
has de dejar de ser. Hoy eres fuerte.

Mañana jugará un niño en el campo
con tus huesos antiguos, destruidos.
¿Para qué un alma que no tienes,
que no tendrás jamás? ¡No me haces falta!

Voy recogiendo pálidas estrellas,
hierba estelar con que formar mi tumba.
Allá, en las sombras, tú estarás inmóvil.
¡Más yo me agitaré en las margaritas!

Antología de Poesía Amorosa Contemporánea, Recopilación de Carmen Conde, Editorial Bruguera, 1969. Susana March, pp. 498-499.

28 de noviembre de 2009

Piedra de sol (fragmento).

                                        ¿y el grito
en la tarde del viernes?, y el silencio
que se cubre de signos, el silencio
que dice sin decir, ¿no dice nada?
¿no son nada los gritos de los hombres?
¿no pasa nada cuando pasa el tiempo?

-no pasa nada, sólo un parpadeo
del sol, un movimiento apenas, nada,
no hay redención, no vuelve atrás el tiempo,
los muertos están fijos en su muerte
y no pueden morirse de otra muerte,
intocables, clavados en su gesto,
desde su soledad, desde su muerte
sin remedio nos miran sin mirarnos,
su muerte ya es la estatua de su vida,
un siempre estar ya nada para siempre,
un rey fantasma rige sus latidos
y tu gesto final, tu dura máscara
labra sobre tu rostro cambiante:
el monumento somos de una vida
ajena y no vivida, apenas nuestra,

-¿la vida, cuándo fue de veras nuestra?
¿cuándo somos de veras lo que somos?,
bien mirado no somos, nunca somos
a solas sino vértigo y vacío,
muecas en el espejo, horror y vómito,
nunca la vida es nuestra, es de los otros,
la vida no es de nadie, todos somos
la vida -pan de sol para los otros,
los otros todos que nosotros somos-,
soy otro cuando soy, los actos míos
son más míos si son también de todos,
para que pueda ser he de ser otro,
salir de mí, buscarme entre los otros,
los otros que no son si yo no existo,
los otros que me dan plena existencia,
no soy, no hay yo, siempre somos nosotros,
la vida es otra, siempre allá, más lejos,
fuera de ti, de mí, siempre horizonte,
la vida que nos desvive y enajena,
que nos inventa un rostro y lo desgasta,
hambre de ser, oh muerte, pan de todos,


Octavio Paz, México, 1957.

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